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miércoles, 27 de mayo de 2026

REPRESENTACIONES DE LO BELLO Y LO FEO - MIRADA CRÍTICA DESDE VARIOS AUTORES

Belleza y fealdad en obras de arte - Tabla filosófica

Belleza y fealdad en obras de arte
según grandes filósofos

Obra Autoría Belleza (tres filósofos y razón) Fealdad (tres filósofos y razón)
El jardín de las delicias El Bosco Aristóteles: la composición mantiene orden y proporción en la disposición de figuras.
Hegel: la obra expresa el conflicto espiritual entre pecado y redención como momento del espíritu.
Umberto Eco: representa la belleza de lo monstruoso propia del imaginario medieval.
Platón: las figuras híbridas y escenas de tortura son imitaciones de lo feo, alejadas de la Idea.
Nietzsche: la moral cristiana que condena el placer muestra una estética de la decadencia y el resentimiento.
Baudelaire: el infierno bosquiano es la fealdad grotesca que fascina por su exceso.
La Venus de Botticelli (El nacimiento de Venus) Sandro Botticelli Platón: encarna la belleza ideal de la forma femenina, próxima a la Idea de lo bello.
Kant: produce un placer desinteresado por su armonía y finalidad sin fin.
Hegel: el espíritu se manifiesta en la belleza sensible del cuerpo clásico, equilibrio entre interior y exterior.
— (No pertinente)
La cantata de Santa María (sobre la masacre de mineros) Quilapayún Aristóteles: la catarsis a través de la música que imita acciones nobles y ruines, produciendo compasión y temor.
Schopenhauer: la música como expresión directa de la voluntad; belleza en la melancolía y la lucha.
Nietzsche: la música dionisíaca que transforma el horror en arte, afirmando la vida incluso en el sufrimiento.
Platón: la representación de la masacre y el dolor es imitación de lo feo moral, alejada de la armonía ideal.
Hegel: lo feo como desgarramiento de la realidad social que aún no ha alcanzado la reconciliación del espíritu.
Baudelaire: la fealdad de la violencia y la injusticia puede ser elevada a belleza poética, pero aquí se muestra cruda.
Las flores del mal Charles Baudelaire Baudelaire: el poeta encuentra la belleza en el mal, en lo moderno, en lo artificial y lo prohibido.
Nietzsche: la belleza como transfiguración dionisíaca del sufrimiento y la fealdad.
Kant: lo sublime en la representación de lo negativo que despierta la razón.
Platón: la poesía que celebra el vicio y la corrupción es imitación de lo feo moral, peligrosa para el alma.
Schopenhauer: la negatividad y el dolor expresados en los poemas son manifestaciones de la voluntad que repelen.
Hegel: lo feo como disonancia entre forma y contenido, donde el espíritu se extravía en lo bajo.
El burgués gentilhombre Molière Aristóteles: la comedia imita acciones ridículas con gracia y estructura, produciendo placer estético.
Hegel: la belleza de la comedia como disolución de lo serio en la risa, mostrando la subjetividad libre.
Kant: el humor como juego de ideas que produce placer desinteresado.
Platón: la imitación de personajes vulgares y ridículos es fea porque se aleja de la virtud y la verdad.
Nietzsche: el burgués como tipo decadente, cuya pretensión es fea porque niega la voluntad de poder.
Baudelaire: la fealdad de la cursilería y el arribismo social, ridiculizada con ironía.
Las nubes Aristófanes Aristóteles: la comedia antigua con su parábasis y estructura tiene belleza formal y catártica.
Hegel: la sátira como manifestación del espíritu objetivo que critica la subjetividad vacía.
Umberto Eco: la belleza de la invención lingüística y la caricatura intelectual.
Platón: Sócrates representado como un sofista charlatán es una fealdad moral, pues aleja de la verdad.
Nietzsche: la deformación de Sócrates como figura apolínea decadente; la fealdad del racionalismo.
Schopenhauer: lo ridículo surge de la contraposición entre conceptos y realidad, pero aquí es feo por malicioso.
Cien años de soledad Gabriel García Márquez Hegel: la novela total como epopeya moderna que sintetiza historia y mito, mostrando el espíritu de América Latina.
Umberto Eco: la belleza de la obra abierta, llena de símbolos y estructuras especulares.
Paul Valéry: la perfección formal en la construcción narrativa cíclica y el lenguaje poético.
Nietzsche: la repetición de la violencia y la soledad como expresión de la decadencia del clan Buendía.
Schopenhauer: el sufrimiento continuo, las guerras y las muertes muestran la voluntad ciega y repulsiva.
Platón: los actos de incesto y barbarie son imitaciones de lo feo, lejos de la armonía ideal.
El profeta Khalil Gibran Platón: la sabiduría poética que se acerca a las Ideas del bien y la belleza a través del lenguaje.
Kant: la belleza libre sin concepto, que produce placer desinteresado por su gracia.
Schopenhauer: la contemplación de la voluntad negada en la serenidad del profeta, belleza ascética.
— (No pertinente)
Cien sonetos de amor Pablo Neruda Aristóteles: el soneto como forma medida y ordenada que imita acciones amorosas con belleza métrica.
Nietzsche: la afirmación dionisíaca del amor carnal y la naturaleza, belleza terrenal.
Paul Valéry: la perfección formal del soneto y la música verbal como expresión de inteligencia poética.
— (La fealdad no es predominante; si acaso, Schopenhauer vería el amor como engaño de la voluntad, pero Neruda lo sublima.)
Tabla elaborada a partir de los conceptos estéticos de Platón, Aristóteles, Hegel, Kant, Umberto Eco, Nietzsche, Baudelaire, Schopenhauer y Paul Valéry.

domingo, 10 de mayo de 2026

Historia de la fealdad Umberto Eco (extractos)

 

A lo largo de los siglos, filósofos y artistas han proporcionado definiciones de lo bello, y gracias a sus testimonios se ha podido reconstruir una historia de las ideas estéticas a través de los tiempos. No ha ocurrido lo mismo con lo feo, que casi siempre se ha definido por oposición a lo bello y a lo que casi nunca se ha dedicado estudios extensos, sino más bien alusiones parentéticas y marginales. Por consiguiente, si la historia de la belleza puede valerse de una extensa serie de testimonios teóricos (de los que puede deducirse el gusto de una época de terminada), la historia de la fealdad por lo general deberá ir a buscar los documentos en las representaciones visuales o verbales de cosas o personas consideradas en cierto modo “feas”.

No obstante, la historia de la fealdad tiene algunos rasgos en común con la historia de la belleza. Ante todo, tan solo podemos suponer que los gustos de las personas corrientes se correspondieran de algún modo con los gustos de los artistas de su época. (…)

(…) Otra característica común a la historia de la fealdad y a la de la belleza es que hay que limitarse a registrar las vicisitudes de estos dos valores en la civilización occidental. En el caso de las civilizaciones arcaicas y de los pueblos llamados primitivos, disponemos de restos artísticos, pero no de textos teóricos que nos indiquen si estaban destinados a provocar placer estético, terror sagrado o hilaridad.

A un occidental, una máscara ritual africano le parecería horripilante, mientras que para el nativo podría representar una divinidad benévola. Por el contrario, al seguidor de una religión no occidental le podría parecer desagradable la imagen de un Cristo flagelado, ensangrentado y humillado, cuya aparente fealdad corporal inspiraría simpatía y emoción a un cristiano. (…)

¿Qué significan en realidad, estos dos términos? Su sentido también ha cambiado a lo largo de la historia occidental. Solo comparando afirmaciones teóricas con un cuadro o una construcción arquitectónica de la época, nos damos cuenta de que lo que se consideraba proporcionado en un siglo ya no lo era en el otro; cuando un filósofo medieval hablaba de proporción, por ejemplo, estaba pensando en las dimensiones y en la forma de una catedral gótica, mientras que un teórico renacentista pensaba en un templo del siglo XVI, cuyas partes estaba reguladas por la sección aurea, y a los renacentistas les parecían bárbaras y, justamente, “góticas”, las proporciones catedrales. 

Los conceptos de bello y de feo están en relación con los distintos períodos históricos o las distintas culturas. 

(…)  A menudo la atribución de belleza o de fealdad se ha hecho atendiendo no a criterios estéticos, sino a criterios políticos y sociales. 

(…) Decir que belleza y fealdad son conceptos relacionados con las épocas y con las culturas (o incluso con los planetas) no significa que no se haya intentado siempre definirlos en relación con un modelo estable. Se podría incluso sugerir, como hizo Nietzsche en el Crepúsculo de los ídolos, que “en lo bello, el hombre se pone a sí mismo como medida de la perfección” y “se adora en ello… El hombre en el fondo se mira en el espejo de las cosas, considera bello todo aquello que le devuelve su imagen… 

Lo feo se entiende como señal y síntoma de degeneración… Todo indicio de agotamiento, de pesadez, de senilidad, de fatiga, toda falta de libertad, en forma de convulsión o parálisis, sobre todo el olor, el color, la forma de la disolución, de la descomposición… todo esto provoca una reacción idéntica, el juicio de valor “feo” … ¿A quién odia aquí el hombre? No hay duda: odio la decadencia de su tipo”. El argumento de Nietzsche es narcisísticamente antropomorfo, pero nos dice precisamente que belleza y fealdad están definidas en relación con un modelo “específico”. Es decir, que una cosa (ya sea un cuerpo humano, un árbol, una vasija) había de presentar todas las características que su forma debía haber impuesto a la materia. ¿Podrá pues, definirse simplemente lo feo como lo contrario de lo bello, un contrario que también se transforma cuando cambia la idea de su opuesto? La historia de la fealdad, ¿puede ser el contrapunto simétrico de la historia de la belleza?

 

 

La  primera  y  más  completa  Estética  de  lo  feo  la  elaboró  en  1853  Karl  Rosenkranz:  establece una analogía entre lo feo y el mal moral. 

Rosenkranz retoma la idea tradicional de que lo feo es lo contrario de lo bello, una especie de posible error que lo bello contiene en sí, de modo que cualquier estética, como ciencia de la belleza, está obligada a abordar también el concepto de fealdad. Pero justamente cuando pasa de las definiciones abstractas a una fenomenología de las distintas encarnaciones de lo feo, es cuando nos deja entrever una especie de “autonomía de lo feo” que lo convierte en algo mucho más rico y complejo que una simple serie de negaciones de las distintas formas de belleza. Rosenkranz analiza minuciosamente la fealdad natural, la fealdad espiritual, la fealdad en el arte (y las distintas formas de imperfección artística), la ausencia de forma, la asimetría, la falta de armonía, la desfiguración y la deformación (lo mezquino, lo débil, lo vil, lo banal, lo casual, y lo arbitrario, lo tosco), y las distintas formas de lo repugnante (lo grosero, lo muerto y lo vacío, lo horrendo, lo insulso, lo nauseabundo, lo criminal, lo espectral, lo demoníaco, lo hechicero y lo satánico). Demasiadas cosas para seguir diciendo que lo feo es simplemente lo opuesto de lo bello, entendido como armonía, proporción o integridad.

(…) La sensibilidad del hablante común percibe que, si bien en todos los sinónimos de bello se podría    observar una reacción de apreciación desinteresada, en casi todos los de feo aparece implicada una reacción de disgusto, cuando no de violenta repulsión, horror o terror.

(…) En general, parece que la experiencia de lo bello provoca lo que Kant (Critica del juicio) definía como “placer sin interés”: si bien nosotros quisiéramos poseer todo aquello que nos parece agradable o participar en todo lo que nos parece bueno, la expresión de agrado ante la visión de una flor proporciona un placer del que está excluido cualquier tipo de deseo de posesión o de consumo.

    En este sentido, algunos filósofos se han preguntado si se puede pronunciar un juicio estético de  fealdad, puesto a que la fealdad provoca reacciones personales.

 (…)  A lo largo de nuestra historia, deberemos distinguir realmente entre la fealdad en sí misma (un excremento, una carroña, un ser en descomposición, un ser cubierto de llagas que despide un olor nauseabundo) y la fealdad formal, como desequilibrio en la relación orgánica entre las partes de un todo.

(…) Por esto, una cosa es reaccionar pasionalmente al disgusto que nos provoca un insecto viscoso o un fruto podrido y otra cosa es decir que una persona es desproporcionada o que un retrato es feo en el sentido de que está mal hecho (la fealdad artística es una fealdad formal). Y respecto de la fealdad artística, recordemos que en casi todas las teorías estéticas, al menos desde Grecia hasta nuestros días, se ha reconocido que cualquier forma de fealdad puede ser redimida por una representación artística fiel y eficaz. Aristóteles (Poetica, 1448b) habla de la posibilidad de realizar lo bello imitando con maestría lo que es repelente, y Plutarco nos dice que, en la representación artística, lo feo imitado sigue siendo feo, pero recibe como una reverberación de belleza procedente de la maestría del artista. Hemos identificado, pues, tres fenómenos distintos: la fealdad en sí misma, la fealdad formal y la representación artística de ambas.

 

Interesante este blog que también se refiere al tema, citando a Umberto Eco.  

En la época renacentista hay un artista, conocido como El Bosco, cuya obra única parece anticipar el surrealismo del siglo XX. Ver a continuación un audiovisual sobre "EL JARDÍN DE LAS DELICIAS" y a continuación un poema en formato ampliado del poeta español Rafael Alberti sobre esta obra de El Bosco.

Nótese cómo las artes dialogan entre sí en este caso, la pintura, la música y la poesía. Lo curioso es ver cómo aplica aquí lo que dice Umberto Eco sobre la representación artística de la realidad en sí misma.






Aquí, el poema. 





sábado, 9 de mayo de 2026

Historia de la belleza. Umberto Eco (extractos).

 “HISTORIA DE LA BELLEZA”
Umberto Eco (extractos)

“Bello” –al igual que “gracioso”, “bonito”, o bien “sublime”, “maravilloso”, “soberbio” y expresiones similares– es un adjetivo que utilizamos a menudo para calificar una cosa que nos gusta. En este sentido, parece que ser bello equivale a ser bueno y, de hecho, en distintas épocas históricas se ha establecido un estrecho vínculo entre lo Bello y lo Bueno. Pero si juzgamos a partir de nuestra experiencia cotidiana, tendemos a considerar bueno aquello que no solo nos gusta, sino que además querríamos poseer. Son infinitas las cosas que nos parecen buenas –un amor correspondido, una fortuna honradamente adquirida, un manjar refinado– y en todos estos casos desearíamos poseer ese bien. Es un bien aquello que estimula nuestro deseo. Asimismo, cuando juzgamos buena una acción virtuosa, nos gustaría que fuera obra nuestra, o esperamos llegar a realizar una acción de mérito semejante, espoleados por el ejemplo de lo que consideramos que está bien. O bien llamamos bueno a aquello que se ajusta a cierto principio ideal, pero que produce dolor, como la muerte gloriosa de un héroe, la dedicación de quien cuida a un leproso, el sacrificio de la vida de un padre para salvar a su hijo… En estos casos, reconocemos que la acción es buena, pero –ya sea por egoísmo o por temor– no nos gustaría vernos envueltos en una experiencia similar. Reconocemos ese hecho como un bien, pero un bien ajeno, que contemplamos con cierto distanciamiento, aunque con emoción, y sin sentirnos arrastrados por el deseo. A menudo, para referirnos a actos virtuosos que preferimos admirar a realizar, hablamos de una “bella acción”.   

Si reflexionamos sobre la postura del distanciamiento que nos permite calificar de bello un bien que no suscita deseo en nosotros, nos damos cuenta de que hablamos de belleza cuando disfrutamos de algo por lo que es en sí mismo, independientemente del hecho de que lo poseamos. Incluso, una tarta nupcial bien hecha, si la admiramos en el escaparate de una pastelería, nos parece bella, aunque por razones de salud o falta de apetito no la deseemos como un bien que hay que conquistar. Es bello aquello que, si fuera nuestro, nos haría felices, pero que sigue siendo bello aunque pertenezca a otra persona. Naturalmente, no estamos considerando la actitud de quien, ante un objeto bello como el cuadro de un gran pintor, desea poseerlo por el orgullo de ser su dueño, para poder contemplarlo todos los días o porque tiene un gran valor económico. Estas formas de pasión, celos, deseo de posesión, envidia o avidez no tienen relación alguna con el sentimiento de lo bello.   


El sediento que cuando encuentra una fuente se precipita a beber, no contempla su belleza. Podrá hacerlo más tarde, una vez que ha aplacado su deseo. De ahí que el sentimiento de la belleza difiera del deseo. Podemos juzgar bellísimas a ciertas personas, aunque no las deseemos sexualmente o sepamos que nunca podremos poseerlas. En cambio, si deseamos a una persona (que, por otra parte, incluso podría ser fea) y no podemos tener con ella relaciones esperadas, sufriremos. En este análisis de las ideas de belleza que se han ido sucediendo a lo largo de los siglos intentaremos, por tanto, identificar ante todo aquellos casos en que una determinada cultura o época histórica han reconocido que hay cosas que resultan agradables a la vista, independientemente del deseo que experimentamos ante ellas. (…)  

Si bien ciertas teorías estéticas modernas solo han reconocido la belleza del arte, subestimando la belleza de la naturaleza, en otros periodos históricos ha ocurrido lo contrario: la belleza era una cualidad que podrían poseer los elementos de la naturaleza (un hermoso claro de luna, un hermoso fruto, un hermoso color), mientras que la única función del arte era hace bien las cosas que hacía, de modo que fueran útiles para la finalidad que se les había asignado, hasta el punto de que se consideraba arte tanto el del pintor y del escultor como el del constructor de barcas, del carpintero o el barbero. No fue hasta mucho más tarde cuando se elaboró la noción de “bellas artes” para distinguir la pintura, la escultura y la arquitectura de lo que hoy llamaríamos artesanía. Veremos, sin embargo, que la relación entre belleza y arte podía representar la naturaleza de una forma bella, incluso cuando la naturaleza representada fuese en sí misma peligrosa o repugnante.  

(…) La pregunta que cabe preguntar es: ¿Por qué, entonces, esta historia de la belleza solo está documentada con obras de arte? Porque han sido los artistas, los poetas, los novelistas los que nos han explicado a través de los siglos qué era en su opinión lo bello, y nos han dejado ejemplos. Los campesinos, los albañiles, los panaderos o los sastres han hecho cosas tal vez también consideradas bellas, pero nos han quedado pocos restos (…).  

Muchas veces, ante un resto artístico o artesanal antiguo, recurriremos a la ayuda de textos literarios y filosóficos de la época. Por ejemplo, no podremos decir si el que esculpía monstruos en las columnas o en los capiteles de las iglesias románicas los consideraba bellos, sin embargo, existe un texto de san Bernardo (para quien estas representaciones no eran buenas ni útiles) que da fe de que los fieles disfrutaban con su contemplación (hasta el punto de que incluso san Bernardo, al condenarlas, da muestras de sucumbir a su fascinación). Y de este modo, dando gracias al cielo por el testimonio que nos llega de donde menos cabría esperar, podremos afirmar que la representación de los monstruos, para un místico del siglo XII, era bella (aunque moralmente reprobable).  

(…) Hemos dicho que utilizaríamos con preferencia documentos que proceden del mundo del arte. Pero, sobre todo al acercarnos a la modernidad, dispondremos también de documentos que no tienen una finalidad artística, sino de mero entretenimiento, de promoción comercial o de satisfacción de impulsos eróticos, como, por ejemplo, las imágenes que proceden del cine comercial, de la televisión o de la publicidad. (…) Al decir esto, se nos podrá acusar de relativismo, como si quisiéramos decir que la consideración de bello depende de la época y de las culturas. Y esto es exactamente lo que pretendemos decir. (…) Este libro parte del principio de que la belleza nunca ha sido algo absoluto e inmutable, sino que ha ido adoptando distintos rostros según la época histórica y el país, y esto es aplicable no solo a la belleza física (del hombre, de la mujer, del paisaje), sino también a la belleza de Dios, de los santos o de las ideas…  

(…) Por otra parte, basta pensar en la estupefacción que experimentaría un marciano del próximo milenio que descubriera de repente un cuadro de Picasso y la descripción de una hermosa mujer en una novela de amor de la misma época. No entendería qué relación existe entre las dos concepciones de belleza. De ahí que, de vez en cuando, debamos hacer un esfuerzo y ver cómo distintos modelos de belleza coexisten en una misma época y cómo otros se remiten unos a otros a través de épocas distintas.  


Biografía y obras de Umberto Eco

INSERCIÓN PARA COMPARAR

Umberto Eco se refiere a la fealdad, y cómo los filósofos han distinguido entre la fealdad en sí misma y la fealdad formal. (Ver con más detalles en otra entrada) 


    En este sentido, algunos filósofos se han preguntado si se puede pronunciar un juicio estético de  fealdad, puesto a que la fealdad provoca reacciones personales.

 (…)  A lo largo de nuestra historia, deberemos distinguir realmente entre la fealdad en sí misma (un excremento, una carroña, un ser en descomposición, un ser cubierto de llagas que despide un olor nauseabundo) y la fealdad formal, como desequilibrio en la relación orgánica entre las partes de un todo.



miércoles, 29 de abril de 2026

POEMAS DEL TALLER - CLASE 20 DE ABRIL

TU AMOR INCOMPRENDIDO 


Cómo podría comprender 

tu amor que me diste 

si viene envuelto en dolor, 

como el rencor que te tuve. 


El día en que me dañaste 

con todo tu ardor y tu anhelo.


Pero tuve temor,

que tus ojitos no brillaran por mí

sino por otra persona.


Que empezaras a amar

con toda la pasión de tu corazón.

que palpita

por el amor

de alguien más

que comprenda 

tu amor.  


 

UN OTOÑO DIFERENTE 


Cuando volví a ver tu mirada 

los fríos de la otoñada

entraron por la herida

que me causó

tu despedida. 


Dejándome abandonado

como una hoja caída. 


Te volví a ver, a lo lejos,

y mi mente se nubló

como la neblina que alguna vez

tapó mi dolor. 


Déjame que te hable también con tu silencio

porque el silencio sabe decir "te quiero".


Entiéndeme. 

no quiero que se sienta

como un otoño diferente. 



EL SILENCIO DE TU AMOR 

 

El silencio de tu amor

es un eco suave,

como hojas que caen en otoño. 


Yo las escucho en la distancia,

en esas noches vacías y solas

donde todo duele

y mi alma te añora.


Aunque no estés,

ni hables,

ni vuelvas, 

mi corazón te busca y anhela. 


Aunque tu silencio

siga doliendo tanto. 


RUMBO AL SILENCIO 


Bajo el manto de una noche serena 

donde el viento susurra entre las flores

se apaga la luz de toda mi pena

y el mundo se viste de mil colores. 


El tiempo camina con paso lento

guardando secretos en cada rincón,

llevándose lejos el vago lamento

que alguna vez tuvo mi corazón. 


Busco en el brillo de cada lucero

la huella perdida de una ilusión 

porque en este viaje yo solo quiero

hallar el camino de la razón. 


EL PESO DEL SILENCIO  


Déjame que te hable también con tu silencio

pero tal vez no lo entenderías

ya que tu no sientes lo mismo que yo siento

y lo entiendo... 

porque el amor no es tan solo un sentimiento

y para ser sincero

tú no tienes sentimientos. 


Por eso tú hablas con el silencio,

con ese silencio ensordecedor

con ese simple silencio que daña,

que nos daña, que nos aleja. 


Te siento cerca pero no te veo.

No te veo, 

porque el peso de tu silencio me condena;

Me condena a odiarte,

aunque lo que más quiero

es amarte. 


LAS NOCHES FRÍAS


Estas noches han sido frías,

y oscuras, con ese aroma

que me envuelve, me cura. 


Le he preguntado a la luna

si me piensas en la noche

Yo solo estoy  .... 



BAJO LAS PIEDRAS 


Mi corazón te busca debajo de las piedras 

como si en lo escondido viviera tu verdad.

Escucho tu voz en sombras quietas 

y en el silencio vuelve a respirar. 


Camino lento entre dudas y huellas

preguntándole al tiempo por tu señal

pero cada rincón, aunque no te vea

siento que no te has ido en la realidad. 


Y aunque el tiempo siga su camino sin detenerse 

guardo esperanza de encontrarte

en lo simple,

en lo cotidiano,

porque hay presencias que no desaparecen,

solo se tranasforman, 

y aprenden a quedarse 

en otra forma de corazón. 


ENTRE TÚ Y YO 


En el silencio de un día cualquiera

apareciste sin hacer ruido

y sin saber cómo ni cuando

mi mundo cambió contigo.


Tus palabras son abrigo,

tu risa y mi canción

y en cada mirada tuya

late más fuerte el corazón.


No sé si fue destino

o solo casualidad 

pero desde que llegaste

todo tiene más claridad. 


Si el tiempo nos separa

o la vida nos hace dudar

guardaré este sentimiento,

¡que no deje de brillar!  


Porque amarte en silencio

también es una verdad 

aunque no diga todo

lo siento de verdad. 

 


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SOLO UN BRILLO


En tanta oscuridad 

solo veo un brillo.


Tan solo me siento

y solo veo 

tu recuerdo.


No me permito avanzar

sin recordar ...


IMITADOR, IMITADORA

 

Mi nombre es mi mayor imitadora,

me sigue a todas partes

sin que yo se lo pida,

sin que yo la atrape.

 

Mi nombre es mi imitador,

pues es mi enemigo mayor,

ya que me acompaña desde mi infancia

y ha visto mis tormentos cada mañana.

 

Ella me sigue, me sigue y persiste

y al fin y al cabo,

no se detiene, ni desiste

 

Mi nombre es mi imitadora,

a veces un poco descarada y burlona

pero ella no es mala

pues he aprendido con el tiempo

que tiene varias caras.

 

Ella se mueve, se agranda y transforma,

pero después de todo,

nunca se va ni me deja sola.

 

Mi sombra es mi mayor imitadora,

pero también es mi compañera

y mi más grande amiga  

que nunca de mi lado se desaloja.

 

Ella es mi mayor imitadora

Pero tiene un gran espacio

en mi corazón, Es alguien

a quien jamás olvidaré.

Pues nunca me dejó,

cuando yo más lloré.

 

 SUEÑOS EN LLAMAS

 

El árbol arde y sueña

con raíces de fuego que no se apagan

y en sus ramas, el viento

guarda secretos.

 

Mi noche respira en silencio

Mientras el tiempo se esconde en las sombras,

como un eco que no deja volver.

 

Hay luces que nacen en lo oscuro

y palabras que se niegan a morir

mientras mi voz se pierde en la distancia.

 

El viento recoge lo que olvida

y lo guarda lejos de mi

como un susurro que aprende a vivir.

 

RABIA EN SILENCIO

 

Tengo una rabia sin gusto a rabia

como un grito atrapado en la garganta,

como un fuego que no quema, pero,

arde lento.

 

Camino con ella pegada al pecho,

sin saber si es tristeza o despedida,

sin entender por qué no estalla.

 

Y en ese silencio que no se rompe

aprendo a nombrar lo que te duele,

aunque no tenga forma ni palabras.

 

 ¿QUÉ SE AMA?

 

A veces creo que amar es no entender nada

Y aun así,

quedarse.

Como esperar algo a cambio,

pero sin saber bien qué.

 

Se ama en lo simple, en preguntar:

¿Cómo estás?

(se ama) en esperar una respuesta

que a veces no llegará.


Se ama incluso cuando duele,

cuando algo cambia,

y ya no todo será igual.

 

(Se ama) cuando una mano

toca una rosa con espinas:

sabes que puede doler

pero igual no la sueltas.

 

Amar es eso:

“quedarse un poco más”.

 

BAJO LAS PIEDRAS

 

Mi corazón te busca debajo de las piedras

Y solo encuentra sombras

de lo que fuimos.

Camino entre recuerdos que no responden,

como ecos perdidos en el vacío.

 

Te nombro en silencio cada noche

esperando que el viento te traiga de vuelta,

pero el tiempo borra tus huellas, y deja mi voz suspendida, inquieta.

 

Me duele este amor sin destino,

esta ausencia que no termina

porque, aunque no estás conmigo

sigues viviendo en cada esquina.

 

DESPUÉS DE TI

  

Vivo del recuerdo,

extraño tu deslumbrar

desapareciste y yo no estoy cuerda,

desde aquel vacío, ¡qué dolor!

 

Me haces falta.

La noche cae más honda,

Desde que no estás,

todo pierde forma.

 

Te fuiste,

y contigo

iba la alegría en tus brazos.

 

Te fuiste,

y llevabas contigo el calor de tu mirada.

Te fuiste,

y cargabas en tu espalda

pedazos,

de lo que era una vida soñada.

 

Busco hasta en la última esquina,

busco en cada melodía,

busco en las huellas más finas

satisfacer mi corazón con alguna fantasía.

Fantasía para no caer en la locura,

fantasía para enamorarme

de la idea de que ya no soy tuya

Fantasía para olvidarme de tu presencia,

fantasear es lo único que me queda

para no desvanecerme por tu ausencia.

 

 

Poemas del Taller de Poesía en abril de 2026. Electivo de Filosofía. Estética.

 

 



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Todos estos versos han sido elaborados en el taller por los estudiantes del Electivo Estética"

REPRESENTACIONES DE LO BELLO Y LO FEO - MIRADA CRÍTICA DESDE VARIOS AUTORES

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